martes, 11 de febrero de 2014

Animales


<<Se dueño de tus pasiones y esclavo de tu conciencia>> (San Agustín).

La mercantilización y desacralización de todas las esferas de la vida, especialmente la relativa al sexo y a la comunicación hombre-mujer, conduce inevitablemente a la destrucción del vínculo humano básico, la familia, y como consecuencia, la destrucción de las demás relaciones sociales; esto es, la ausencia de empatía para con el prójimo, la individualización colectiva, la desaparición de la comunidad y suicidio de facto.

Asistimos a una extraña mezcla entre precariedad y calidad vital, hedonismo saciado a través del consumo mercantilizado de la intimidad, ausencia de vínculos familiares y sociales que conlleva a una paradoja que en realidad es una consecuencia: cuanto más se sexua-mercantilizan las relaciones humanas, cuanto más se insiste en una publicidad que colinda con la pornografía, cuanto más crece el porcentaje del PIB relativo a la consumo desmedido, cuanto más asociamos la realidad al éxito económico, más se reduce nuestra condición de seres humanos, más se destruye la comunidad para transformarse en masa y más nos acercamos a la plena similitud con el animal.

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