viernes, 22 de abril de 2011

San Vicente, Ávila y otras perlas.

En cuanto a la historia nos dice que a principios del siglo IV , durante el mandato de Diocleciano, los cristianos eran perseguidos como si de ganado se tratase, siendo en Hispania esa persecución aun más severa si cabe bajo la batuta de Daciano que gobernaba la Hispania con mano de hierro.

Total, que este señor , de viaje por Ebora (Talavera de la Reina) no tuvo otra genial idea que detener a un paisano de dicha ciudad llamado Vicente, que no era sino un maldito cristiano más. Tras la detención (imagino que sin excesivas garantías) , Don Daciano le informó de que o cambiaba de idea y se dedicaba a lo pagano o se lo ventilaba de cualquier manera.

Vicente, que era más terco que una mula (¡eso de ser “pre-castellano” oiga!) dijo que nanai de la china y que seguiría fiel a la fe en Cristo. Daciano que anonadado andaba, decidió entonces encerrarle…cosas de la autoridad y sus agentes. Lo que no sabía Daciano es que Vicente tenía dos hermanas (Sabina y Cristeta) con más cojones que cualquiera de sus soldados, y una noche con tres caballos y dos velos, sacaron a Vicente de la Cárcel al más puro estilo Clint Eastwood en Fuga de Alcatraz y huyeron.

Parece que las cosas iban por buen camino, pero desgraciadamente fueron detenidos en Ávila, donde según los refinados usos y costumbres romanos fueron despojados de sus ropas y torturados brutalmente con el objeto de que abjuraran de su fe. Pero cosas de esta vida, ninguno de los tres pasó por el aro lo que provocó un cabreo monumental a Don Daciano quién decidió llevarles a una zona pedregosa de la ciudad llamada las Pissadas, como última opción, o abjuraban del Señor o morirían torturados.

Estamos a 27 de Octubre de 306 y como ustedes bien sabrán, no abjuraron (que cabezones estos cristianos) de su fe sino que la mantuvieron aun más firme si cabe, por lo que la administración tuvo a bien reeducar sus cabezas (¡Cuánto paralelismo con la situación actual!) en una prensa y con la ayuda de un judío que andaría por ahí, aplastaron sus cabezas en la prensa. Más tarde llegaron dos ángeles que trasladaron las almas de estos tres subversivos cristianos al paraíso. Daciano, algo mosqueado , tiro sus cuerpos a un pedregal de las afueras de la ciudad.

Así es la historia de estos tres valerosos mártires (San Vicente, Santa Sabina y Santa Cristeta) , pero ¿acaba aquí la historia? En absoluto. Recordarán ustedes , si han soportado mis líneas, que había un judío un poco cabrón mezclado en el asunto. Pues bien, resulta que este señor durante el martirio no había tenido otra cosa mejor que hacer que burlarse y humillar a los tres mártires. Parece ser que durante todo ese triste proceso no cejó en su empeño de menospreciar su valor y divertirse a costa de la sangre y el sufrimiento ajeno. Pero claro, Dios es justo y mientras que nuestro judaico amigo disfrutaba, el Señor le mando una serpiente que salió de la tierra y comenzó a asfixiarle. Nuestro amigo judío vio que la situación se le ponía bastante chunga y por lo visto se arrepintió sinceramente e invocó a nuestro Señor para que le perdonase. En ese momento la serpiente desaparece quedando el judío tan perplejo que pide ser bautizado. Se encarga de dar sepulcro a los cuerpos y , al año siguiente, construye con su propia fortuna una capilla para enaltecer las tumbas de los mártires.

El judío está enterrado hoy en la basílica de San Vicente…parece que vuelve a funcionar aquello del arrepentimiento y la Fe ,tan denostado a día de hoy por nuestros sagaces pedagogos.    

Resulta que estuve el otro día visitando Avila, por eso de los recuerdos y tal…ustedes saben, y tenía en mente pasarme a visitar el Sepulcro de San Vicente que por lo visto es una joya de la escultura románica tardía. Pero desgraciadamente no tenía dinero para entrar así que decidí darme un paseo por tan fiel y brava ciudad castellana, para fotografiarla y , de paso, compartirla con ustedes.

Desgraciadamente para mi el viaje fue algo soso, mi hermano, mi mujer, mi cuñada , mis hijas y mis sobrinos, se encargaron de ello...pero señores, hay que quererles también...

Que la disfruten.

Portón de la Catedral, siglo XII



Pórtico Basílica de San Vicente


Parteluz







Vista de las murallas, Siglo XI

San Juan de la Cruz

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